
Cuando pensamos en moda, muchas veces nos vienen a la mente desfiles, tendencias nuevas cada temporada y marcas famosas con ropa atractiva. Pero la realidad de la industria de la moda es mucho más difíciles y con consecuencias ambientales y sociales importantes.
Gran Impacto ambiental
La producción de ropa genera altas emisiones de gases de efecto invernadero, comparables a los vuelos internacionales. Ademas, la moda consume grandes cantidades de agua: una sola camiseta de algodón puede necesitar miles de litros para producirse.
Los químicos y tintes usados en la ropa contaminan ríos y suelos, mientras que las fibras sintéticas como el poliéster liberan microplásticos que afectan los océnos y la cadena alimentaria
Menos del 1% de la ropa se recicla
Condiciones laborales y justicia social
Detrás de la ropa barata y las tendencias rápidas, muchas veces hay historias de explotación y desigualdad que no solemos ver. Gran parte de la producción de fast fashion se realiza en países en desarrollo, donde los trabajadores están en situaciones muy difíciles. Los salarios sueles ser muy bajos, muchas veces no cubren las necesidades básicas, y las jornadas laborales son largas, con mas de 12 horas diarias de fábricas que priorizan la rapidez y la cantidad sobre la seguridad y el bienestar de las personas.
Las condiciones inseguras en las fabricas son otro problema grave. Un ejemplo es el colapso del Rana Plaza en Bangladesh en 2013, donde más de 1.100 personas murieron por fallos estructurales en una fábrica textil. Además, en algunas partes de la cadena de producción se documenta trabajo infantil y explotación de personas, quienes dependen de estos trabajos para sobrevivir.
Materiales sintéticos y microplásticos
Gran parte de la ropa de ahora, especialmente la del fast fashion, está hecha de fibras sintéticas como poliéster, nylon o acrílico. Estos materiales vienen del petróleo, un recurso no renovable, y tardan muchísimos años en degradarse. Aunque son baratos y resistentes, tienen un gran impacto ambiental invisible a simple vista.
Uno de los problemas más graves es que al lavarse liberan micro plásticos. Estas diminutas partículas de plástico terminan en ríos, lagos y océanos, donde afectan la vida marina y pueden entrar en animales, afectándonos a nosotros mismos al comer esos animales. Ademas la producción de fibras sintéticas necesita mucha energía y contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentando, el impacto de la moda sobre el clima.
Cultura de consumo obsolencia
La industria de la moda rápida no solo hace ropa barata, sino que también fomenta una cultura de consumo muy rápido. Las marcas lanzan nuevas colecciones cada semana, con precios bajos y diseños que cambian todo el rato para mantener al consumidor siempre interesado. Esto hace que la gente piense que lo necesita, aunque muchas prendas no duren mucho o se usen solo unas pocas veces.
Esto provoca lo que se llama obsolescencia programada: ropa que está diseñada para desgastarse rápido o pasar de moda en poco tiempo, y comprar más. Haciendo que, millones de toneladas de prendas terminan en vertederos cada año.
Stella McCartney
Es una de las diseñadoras más importantes del mundo de la moda y una referente global en sostenibilidad. Desde que creó su marca, tomó una decisión clara, no usar cuero, pieles ni materiales de origen animal, algo muy poco común en la alta costura. Su marca famosa por utilizar materiales sostenibles y reciclados y gran trasparencia en su producción e intentando reducir el impacto ambiental en cada colección que hace. Además, trabaja con organizaciones ambientales y con grandes grupos de moda para que se empiecen a usar materiales más responsable.
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